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Todo se hace en un espíritu de simplicidad alegre. Nuestra Santa Madre, Santa Teresa de Ávila, no tenía amor por los santos de rostros tristes y legó a cada una de sus hijas Carmelitas una parte de su propio espíritu caluroso y benigno de regocijo. La vida del Carmen, aunque sea necesariamente una vida de trabajos y mortificación, también es muy ciertamente una vida de la mayor felicidad y paz. ¿Cómo es posible que una hermana no posea la paz profundísima si Dios le ha dado la certeza de Su amor por medio de haberle concedido una vocación tan bella? Las Carmelitas se regocijan por vivir y trabajar en Su presencia. |
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Los períodos formales de oración son la Liturgia de la Santa Misa (Misas Tridentinas en latín) y el Oficio Divino, y dos horas de oración mental. El tiempo de trabajo no es menos lleno de oración que el tiempo pasado en el coro (la capilla del monasterio). El día entero se caracteriza por el recogimiento y el esfuerzo continuo por la santidad y perfección por el amor al Maestro Divino. |
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El vínculo fuerte, tan característico del Carmen, se fortalece por la recreación diaria, durante la cual la Carmelita goza de la sociedad de sus Hermanas en la conversación alegre. Todas las monjas ejecutan sus tareas y deberes diarias en un espíritu de caridad y apoyo mutuo con un interés generoso y sincero para el bien de todas. Cada una comparte del trabajo manual diario para las necesidades de la comunidad. |
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